Si se busca la pista es presumible que el imperialismo norteamericano esté detrás de esta movida política tal como financia al grupo Súmate y otros sectores de la derecha en nuestro país, y no por casualidad el embajador norteamericano, William Bromfield, declaró en Maracaibo, en mayo de 2005, que «hace 25 años viví dos años en la República Independiente y Occidental del Zulia y por eso sé perfectamente lo que significa estar en un clima de calor», en una clara alusión a incentivar a los grupos de derecha a aventurarse en este tipo de políticas, y no por casualidad recientemente ha reabierto el Consulado de Estados Unidos en la capital zuliana hace mucho tiempo cerrado. Al final, es especialidad del imperialismo todo este tipo de políticas y hasta montar artimañas para su política agresiva e intervencionista.
Pero más allá si el imperialismo norteamericano esté detrás o no de esta nueva movida de la derecha, es claro que EE.UU. ha venido con una política constantemente agresiva en nuestro país como quedó claramente demostrado durante el golpe de abril y durante el paro-sabotaje. Las recientes declaraciones de Condoleeza Rice anunciando el apoyo financiero a un supuesto paro de transportistas como las de John Negroponte, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, y del general Michael Maples, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, es una expresión de la constante agresividad norteamericana. Indiscutiblemente estamos por la defensa de la soberanía de nuestro país y contra cualquier agresión imperialista, sea del carácter que sea, y esto lo hemos demostrado en las calles.
CÓMO ENFRENTAR AL IMPERIALISMO
Pero la cuestión clave que queremos discutir aquí es cómo enfrentar realmente y asegurar la victoria de las masas en la lucha contra el imperialismo. Cuáles son las medidas claves que hay que tomar para una lucha consecuente. Desde nuestro punto de vista, no creemos que las estrategias políticas del presidente Chávez lleven al camino de la derrota del imperialismo. Consideramos que no hay lucha seria contra éste sino se une la lucha antiimperialista con la lucha por la expropiación de todos sus intereses económicos en nuestro país y de todos aquellos sectores capitalistas nacionales que lo sostienen. Esta es la única manera de asegurar ese triunfo y llevar una lucha revolucionaria contra el imperialismo. No creemos que la cuestión se reduzca al plano de la diplomacia internacional o de buscar aliados en los organismos multilaterales como la ONU, la OEA, que dicho sea de paso son organismos controlados por los propios países imperialistas. Ni mucho menos que se reduzca a la cuestión de la retórica, con las afirmaciones como la que hizo recientemente el Presidente, del tipo: «Les digo a los venezolanos que si alguien intenta eso, fracasará porque se estrellará contra el pueblo, la república toda y la FAN» [1]. No, no podrá haber liberación nacional ni derrota del imperialismo sino se tocan sus intereses fundamentales y de sus lacayos nacionales.
El camino llevado adelante en estos años de «revolución bolivariana» no ha conducido a la expropiación de los principales grupos capitalistas, como los multimillonarios Cisneros y Mendoza y los grandes medios de comunicación que organizaron el golpe de abril de 2002, ni a la ruptura con las transnacionales como las petroleras, incluidas las norteamericanas, que siguen haciendo importantes inversiones y negocios en nuestro país. Por ejemplo cualquier trabajador que combatió al golpista Mendoza se queda perplejo al enterarse que el grupo Polar es uno de los principales abastecedores de Mercal, o que se le ceda extensos campos de explotación de petróleo y del gas a las grandes transnacionales norteamericanas que apoyaron y sustentaron a los golpistas, al mismo tiempo que se le garantiza el suministro seguro de petróleo en medio de su guerra de intervención de Irak y Afganistán. Estas políticas solamente sirve para que se fortalezcan y preparen nuevas embestidas para el futuro.
Incluso, contrariamente a lo que se piensa, el FMI está contentísimo por ejemplo con el auxilio económico dado por el gobierno venezolano a Kichrner, pues a éste le sirvió para saldar parte de sus cuentas de la fraudulenta deuda externa con ese organismo de rapiña. Nosotros no estamos en contra de la ayuda a los pueblos hermanos, pero no es este el caso que como vimos es un dinero que va a parar a las arcas imperialistas.
En los últimos días también se ha transformado en una gran noticia las afirmaciones del gobierno de que pagará parte de la deuda externa de un solo desembolso en un total de un 25% con los excedentes de las reservas internacionales. Sólo este año se piensa pagar 4.7 mil millones de dólares. ¿Por qué pagar una deuda externa que fue contraída por todos los gobiernos de la IV República que hundieron al país y condenaron a nuestro pueblo a la más grande de las miserias? ¿Por qué pagar una deuda que ni siquiera fue usada para inversión en el país sino para engordar los bolsillos de los grandes empresarios que saqueaban permanentemente nuestra nación conjuntamente con el imperialismo? Este hecho es presentado por el gobierno como un acto de soberanía, pero en realidad es todo lo contrario. Se le paga a los acreedores internacionales mientras en nuestro país no se ha ni siquiera salido de la pobreza. Creemos que hay que hacer todo lo contrario, no pagar un solo centavo de la fraudulenta deuda externa, pues con ese capital, se resolvería, por ejemplo, el problema de la vivienda en nuestro país, mediante un gran plan de obras públicas, eliminando incluso el desempleo y generando trabajo genuino para todos los trabajadores. Enfrentar al imperialismo, pasa entonces por no pagar la deuda externa, que es un mecanismo de dominación económica, expoliación y opresión imperialista.
Hay sectores que argumentan que medidas de este tipo sería una provocación y aceleraría una escalada intervencionista mayor por parte de los países imperialistas. No creemos este argumento valedero, pues por ejemplo, la revolución cubana demostró que sólo a través de la revolución social fue posible resolver esta tarea fundamental de la liberación nacional como otras tareas claves como la revolución agraria. En realidad, este discurso encubre no sólo la inexistencia de algún paso al socialismo como tanto pregona el Presidente, como no se da ningún paso para trascender el capitalismo, sino el abandono de lucha por las grandes demandas fundamentales como la liberación nacional y la revolución agraria, para reemplazarlas por las migajas posibles de conseguir sin afectar la gran propiedad privada de la industria, la banca y la tierra, ni romper realmente con el imperialismo.
Las medidas actuales son completamente impotente para derrotar a la reacción interna y al imperialismo y lleva únicamente a la «convivencia pacífica» con el imperialismo y todos los capitalistas, reduciendo las demandas perentorias de las únicas clases verdaderamente nacionales, los obreros y los campesinos a la «reforma de lo posible». Por el contrario, sólo en el marco estratégico de la revolución obrera y socialista es posible combatir consecuentemente por el programa agrario, democrático y antiimperialista, y sólo el poder de obreros y campesinos puede resolverlas efectivamente.