Después de la toma de 2001 y de la lucha contra el paro patronal de diciembre-enero, podemos decir que en la universidad “no pasa nada”. Por razones que debemos discutir y que no tenemos el espacio aquí para tratar, hay una gran pasividad en el movimiento estudiantil. Sólo resaltan de esta situación los empleados y obreros, que continúan luchando por sus justos reclamos reivindicativos.
Pero la universidad sigue siendo la misma de marzo de 2001, los problemas fundamentales, que tienen su raíz en la dictadura del capital y la dictadura del profesorado de escalafón, dentro de la misma. Es necesario emprender la construcción de una agrupación marxista revolucionaria, y plateamos aquí lo que para nosotros serían los aspectos programáticos de acuerdo.
Esta propuesta la hacemos fundamentalmente, de cara a los compañeros de Actívate (con quienes compartimos hoy el movimiento por la construcción del PRS), a las compañeras/os de El Mural de Sociología (con quienes acordamos conformar un Grupo de Discusión el semestre pasado) y hacia otros compañeros que hoy no tienen participación activa en ningún grupo constituido, pero que sabemos que tienen disposición para la actividad revolucionaria en la universidad.
Independencia política
El movimiento estudiantil debe levantar libremente sus banderas y reivindicaciones, sin ningún tipo de ataduras a “intereses de gobierno”, “razones de Estado” o intereses patronales que llevan a asumir la lógica de gobierno y no de los estudiantes y el pueblo trabajador. Lamentablemente la mayoría de los grupos estudiantiles de la universidad han abandonado cualquier asomo de independencia política. Y esto para nosotros es un principio rector, más aún cuando hablamos de un gobierno que en lo fundamental mantiene las bases de esta sociedad dividida en clases. Sin independencia frente al gobierno se terminará yendo tras las políticas educativas del mismo, que como es lógico, van en concordancia con su proyecto nacional, es decir, detrás de un proyecto educativo que preserva la lógica de acumulación capitalista y esclavitud asalariada.
Pero además de esta posición que debe valer igual para cualquier gobierno, sea “de derecha” o “de izquierda”, éste tiene fuertes rasgos bonapartistas [1], por los cuales, para “mediar” en el conflicto entre las clases sociales, para intentar “armonizar el capital y el trabajo”, necesita cada vez más del control de las instituciones y de instrumentos que le sirvan para reglamentar las disputas.
En el terreno educativo esto tuvo su expresión en el Decreto 3.444, el cual, al igual que la Ley de Tierras, lleva la lógica de que es el Estado quien “hace justicia social”, por lo tanto debe tener más poder para eso. Como dijimos en ocasión del Decreto, “¿Por qué en lugar de pasarle poderes a un funcionario, no se peleó, como lo hemos venido manteniendo, porque sean Asambleas de todos los miembros de la comunidad universitaria, en igualdad de condiciones, quienes designen Comités de Administración del Presupuesto y a su vez definan las prioridades de los recursos? ¿Por qué no convocar a delegados de los Sindicatos, Comités de Tierras, Consejos Locales de Planificación Pública, y demás instancias de los trabajadores y el pueblo pobre para que... participen en la definición de las prioridades tanto investigativas y académicas, como presupuestarias?” [2].
Ahora, la Ley de Educación que se discute en la Asamblea Nacional, plantea en su artículo 6 la negación del derecho a huelga en el sector educativo -al igual que lo establece la reforma del Código Penal para los trabajadores de las empresas “básicas o estratégicas”. Para poder plantear una alternativa distinta al 3.444, era necesario no pensar desde la lógica del gobierno (y “del proceso”), que fue lo que hicieron la mayoría de los grupos de la universidad.
Demás está decir que para nosotros se trata también de mantenerse independientes de cualquier variante patronal (empresas, fundaciones, etc.), y de cualquier autoridad universitaria, sea “de derecha” o “de izquierda”. Se trata pues de que, para poder oponerse con firmeza a este tipo de políticas y plantear alternativas desde una perspectiva de los intereses estudiantiles y de los trabajadores, es indispensable que la agrupación universitaria que se construya tenga total independencia política de cualquiera de las instituciones del actual orden social y universitario.
Pro obrera
Creemos que “La autonomía pues, es ciertamente frente al capital, pero también frente al Estado, que además es un instrumento del primero, así sea en una versión reformadora. ¡Pero no podemos pretender ser “autónomos” de los trabajadores y el pueblo pobre, he allí un principio y punto de partida fundamental!” [3]. Se trata de ligarse a las luchas y el destino de la clase trabajadora, como la única clase auténticamente anticapitalista y cuyo programa histórico lleva implícita la liberación de la opresión del resto de las clases y sectores postergados.
Hay que entender que el estudiantado no constituye un grupo homogéneo, sino que al contrario, conviven en el mismo, personas de distintos orígenes sociales, valga decir, de clase. Así en la universidad se expresan también los intereses de clase, por cuanto en lo que hace a las repercusiones en la vida nacional de la lucha estudiantil, dependerá de la clase social a la que ligue su suerte. Para poder cumplir un papel progresivo, el movimiento estudiantil deberá asumir como suyo también, el programa de los y las asalariadas, de la lucha contra la explotación capitalista.
La otra opción sería quedarse enclaustrados en la universidad, en las discusiones academicistas o apenas sólo en la pelea por las reivindicaciones estudiantiles, a lo que nos negamos claramente. Si el objetivo es contribuir desde el movimiento estudiantil a la lucha por la revolución social, debe ser entonces una agrupación que se solidarice y apoye las luchas de los trabajadores, tanto universitarios como de otros sectores.
Por eso luchamos por echar abajo todos los mecanismos que impiden el libre acceso y permanencia en la universidad a los trabajadores y sus hijos. Luchamos por el ingreso irrestricto, por una universidad pública, gratuita y de calidad, por una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo pobre.
Antiburocrática
La lucha por la democratización del régimen político universitario, debe pasar también por el combate a la actual forma de organización de la representación estudiantil. Tanto los Centros de Estudiantes, como la Federación y las Consejerías (de Escuela, Facultad o Universitarios), son instancias que están organizadas de manera que no haya participación estudiantil real. Es necesario pelear por formas de democracia directa y de bases.
No creemos que eso quiera decir que por principio se debe negar la participación en las elecciones estudiantiles, pues sería para nosotros lo mismo que negarse a la participación en los sindicatos porque estos son burocráticos y no representan a la mayoría de los trabajadores. Creemos que se puede aprovechar el espacio electoral y los espacios de representación, con una política revolucionaria, como instrumentos de lucha y de impulso a formas democráticas.
Pensamos que la estrategia debe ser siempre la lucha por las Asambleas como máxima instancia de debate y decisión estudiantil. También la elección de Delegados y Delegadas revocables, por curso o sección, en el caso de las Escuelas, la existencia de un Cuerpo de Delegados/as que tenga deliberaciones constantes, que sea como una especie de parlamento estudiantil de la Escuela, así como debe plantearse también para las Facultades.
Debemos luchar por acabar con los organismos del mal llamado “co-gobierno”, que perpetúan la actual composición estamental y la dictadura profesoral. Por eso exigimos la composición proporcional de todos los sectores universitarios en los organismos de decisión. En lo que atañe a la representación estudiantil luchamos para evitar que se tomen decisiones a espaldas de los estudiantes, reivindicando el Cuerpo de Delegados y las Asambleas como las instancias que deben tener la última palabra. Así como que ante el actual “co-gobierno” antidemocrático, la movilización debe ser nuestra principal herramienta para hacer valer nuestras posiciones.
Por supuesto que el surgimiento de estos u otros organismos dependerá de las circunstancias, de las situaciones que se presenten, sin embargo, creemos que nuestra labor es justamente propagandizarlos en todo momento y hacerlos realidad allí donde sea posible.
Antiimperialista e Internacionalista
Otra característica central debe ser el apoyo y la solidaridad con las luchas de los trabajadores, campesinos, indígenas y pueblos oprimidos de cualquier parte del mundo. Debe ser una agrupación que tenga al internacionalismo como principio que guíe su accionar, no sólo de palabra o como declaración de intenciones, sino en la práctica concreta.
Se trata de asumir esta genuina tradición del movimiento revolucionario. Pero además de que es una necesidad concreta, si entendemos que el capitalismo es un sistema mundial y que como tal debe ser combatido internacionalmente. Cualquier triunfo estudiantil y de los trabajadores de cualquier país del mundo, y más aún de América Latina, fortalece y da alientos a nuestra propia lucha. Hoy la situación latinoamericana, marcada por importantes procesos de luchas de clases (Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Perú, Panamá, etc.), pone a prueba la condición antiimperialista e internacionalista de cualquier grupo que se reclame revolucionario.
Es necesario, en un ambiente signado por el peso abrumador de las ideologías que naturalizan o eternizan al capitalismo, poner al marxismo a la ofensiva, como única alternativa teórica y práctica. En general, los grupos de izquierda de la universidad han abandonado el estudio y la formación teórico-política, que son herramientas fundamentales para poder guiarse acertadamente en política, y como sabemos, sin teoría no hay práctica revolucionaria.
Una agrupación con estas características puede venir a llenar el vacío de referencia política seria por la izquierda que hay hoy en la universidad. Además de que puede, o debe, convertirse en un importante polo de referencia teórica y política, promoviendo el debate y contando con una publicación propia para sistematizar sus ideas y posiciones.