En el plano internacional Chávez mantiene una búsqueda de márgenes de mayor independencia política. Sin embargo la fuerte retórica anti ALCA y el proyecto del ALBA, como se expresó en Mar del Plata y ampliamente difundido por las redes de comunicación del Estado, no ocultan las políticas de establecer mejores relaciones de intercambio con los mismos países imperialistas, mas no una ruptura. Como lo expresó recientemente: «Hemos convivido con Estados Unidos. Hay que darle inicio a una nueva etapa de convivencia verdadera, los gobiernos de América Latina y el gobierno -este y los que vengan- de los Estados Unidos». Esta orientación política también se expresa con otros de los grandes centros imperialistas, Europa, tal como lo reafirmó recientemente en Francia, Italia y España.
En la reciente III Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata, Chávez trazó su propuesta del ALBA con planteos sobre la necesidad de «enterrar el modelo imperialista capitalista» y que «como dijo Rosa Luxemburgo la alternativa sigue siendo socialismo o barbarie». Pero el Presidente llegó al extremo de reivindicar lo propuesto por John F. Kennedy, en la llamada «Alianza para el Progreso». Sí, a Kennedy, el mismo que organizó la invasión de Bahía de Cochinos contra la revolución cubana. Pero en realidad esa»Alianza para el Progreso» era en aquellos días el equivalente al ALCA de hoy: un vehículo para la penetración del capital imperialista. El mismo «Che» Guevara afirmó en un célebre discurso pronunciado en la reunión de Punta del Este en 1961, donde fue presentada la propuesta de Kennedy: «Hemos denunciado la ‘Alianza para el Progreso’ como un vehículo destinado a separar al pueblo de Cuba de los otros pueblos de América Latina, a esterilizar el ejemplo de la Revolución cubana y, después, a domesticar a los otros pueblos de acuerdo con las indicaciones del imperialismo».
Por eso es que afirmamos que poco y nada hay de antiimperialista en la política de Chávez al reivindicar el proyecto del gobierno norteamericano de Kennedy. La alternativa del ALBA se apoya en la falsa postura de que los gobiernos que expresan los intereses de las burguesías locales serían capaces de lograr la integración y la unidad latinoamericana. Pero el siglo XX ya mostró con creces la incapacidad de las burguesías locales para cumplir esta tarea. Hoy, cuando estas burguesías se encuentran más entrelazadas que nunca con el capital imperialista, es todavía más ilusorio pretender que podrán lograr la emancipación de la dominación imperialista y la integración de nuestras naciones.
Mientras ataca al imperialismo en el exterior, el gobierno, en nuestro país, negocia los mejores contratos con las compañías trasnacionales. En nuestro periódico anterior hemos visto como en su política hacia el área petrolera y del gas se hacen fuertes e importantes concesiones a las transnacionales, que se expresa en la constitución de empresas mixtas como en las concesiones directas y abiertas en el área del gas, como también en otros sectores claves de la economía como las telecomunicaciones que prácticamente se encuentra en manos de empresas extranjeras para no hablar del sector bancario que mantiene una fuerte penetración de los sectores imperialistas.