Un gobierno que habla de «revolución» sin luchar contra los capitalistas y la explotación
Hace rato que las mayorías trabajadoras del país le dieron la espalda a los políticos proyanquis de nuestro país, no sólo electoralmente, sino en la lucha directa en las calles y las industrias, el pueblo les ha dado duros golpes. Pero sí esperan mucho del gobierno de Chávez. Amplias franjas de la clase trabajadora confían en que de la mano del Presidente se van a resolver sus problemas más importantes. Por eso es clave señalar una y otra vez cuál es realmente el proyecto político del gobierno, más allá de los discursos a favor de un «socialismo del siglo XXI» y de «darle poder a los pobres».
Luego de las derrotas que los trabajadores, campesinos y sectores populares le dimos a la oposición proimperialista, el gobierno se sentó a negociar una y otra vez con estos, otorgándole al pueblo un papel de simple espectador de los entendimientos a los que llegaba con los golpistas, que como resultado de estas negociaciones, quedaron con sus bienes económicos intactos, así como también quedó intacta nuestra condición de explotados y pobres. Hoy, si bien existen las Misiones y demás planes sociales, no se resuelven ni en parte los grandes problemas de las masas pobres y explotadas, mientras los grandes beneficiarios del crecimiento económico siguen siendo los grandes capitalistas y banqueros.
Es que por más que hable de «revolución», el gobierno no impulsa una verdadera revolución social anticapitalista, que ponga el poder económico, político y militar en manos directas del pueblo trabajador, sino una «nación» donde «cabemos todos», construida de la mano de sectores empresariales «nacionalistas», e incluso con participación de los capitales extranjeros. En todo caso, es un proyecto limitadamente nacionalista burgués. La entrada al MERCOSUR es parte de esta lógica, pues detrás de este pacto no están los «pueblos» de Suramérica, sino las respectivas burguesías nacionales y, más aún, las empresas transnacionales (ver artículo en estas páginas).
La necesidad de una alternativa obrera independiente
La cuestión central es que aún cuando un proyecto como éste es incapaz de darle respuesta a las más elementales demandas obreras y populares, las amplias mayorías trabajadoras tienen expectativas en que con Chávez se resolverán sus problemas. Precisamente por este «sentido común» hoy entre los trabajadores, que hacen una identificación automática entre sus intereses y los del gobierno, es imperiosa la existencia en el escenario político nacional de una oposición obrera revolucionaria que le dispute la dirección de los trabajadores a Chávez, que frente a la política de acuerdos con los empresarios y de «desarrollar» al país de la mano de la burguesía «productiva» y la inversión capitalista extranjera, postule una política de clara lucha contra la burguesía nacional y el imperialismo, como única vía para abrir camino a una verdadera revolución social. Hace falta que tome cuerpo y vida propia una alternativa verdaderamente anticapitalista y socialista, que deje en evidencia la inconsecuencia del gobierno para luchar contra el capitalismo.
Un paso importante en este camino era aprovechar el escenario electoral para levantar una candidatura obrera independiente, como alternativa, no sólo frente a las candidaturas de la oposición burguesa, sino también frente a la de Chávez, que representa una propuesta de conciliación de clases, y no de lucha obrera y popular consecuente contra la explotación capitalista. Una de las claves de la actuación revolucionaria es la claridad y la transparencia hacia los trabajadores, por eso decimos: lo que se discute en unas elecciones presidenciales son los proyectos y propuestas de país, y si bien sabemos que nada tienen que ofrecernos las propuestas de la reacción, más que sometimiento al imperialismo y represión al pueblo, la propuesta de país de Chávez no representa tampoco los intereses de la clase obrera y los explotados. Los trabajadores debimos presentar también nuestra propuesta y luchar por ella. Una candidatura obrera revolucionaria que luchara por poner las empresas, bancos y tierras en manos de las mayorías trabajadoras y planificar la economía de acuerdo a los intereses de los explotados, a través de un gobierno directo de los trabajadores y el pueblo pobre.
En estas elecciones los trabajadores no tenemos alternativa propia
Las elecciones, bajo este sistema, no son la vía para alcanzar las conquistas obreras, campesinas y populares, ni mucho menos la necesidad estratégica de asumir en nuestras propias manos la conducción del país. Ha sido la lucha abierta y frontal en las calles, las fábricas, empresas y el campo, lo que ha garantizado nuestras conquistas, y seguirá siendo así; las jornadas revolucionarias del 13 de abril y contra el paro-sabotaje, demuestran que es la movilización revolucionaria la garantía para lograr nuestras demandas. Pero es posible utilizar el escenario electoral como tribuna para la discusión, la propaganda de estas ideas y presentar alternativas políticas propias de la clase, como hubiese sido la candidatura obrera que planteamos. Sin embargo, los sectores que tenían a su alcance la posibilidad real de articular una candidatura obrera independiente, una voz propia de los trabajadores en la contienda electoral, como la dirección mayoritaria del PRS (ver artículo en estas páginas), le huyeron a esta opción, sumándose entusiastamente a la campaña electoral del gobierno.
Por eso nosotros sostenemos que frente a las candidaturas y propuestas de la reacción, el proyecto de Chávez no representa alternativa revolucionaria alguna, por lo que los trabajadores debemos votar nulo o en blanco, pues no tiene sentido ir detrás de una candidatura que se propone reformas económicas y sociales que dejan intactas las raíces de la explotación y la miseria a que somos sometidos. En todo caso, debemos preguntarnos los trabajadores y trabajadoras, ¿para qué van a servir los «10 millones»? El gobierno pide los «10 millones» no para avanzar en alguna revolución social, sino para, junto a las Misiones y planes sociales, continuar su política de acuerdos y negociaciones con los empresarios, de dentro y de fuera del país, en fin, para avanzar en la conciliación con los explotadores de siempre.
En estos últimos dos años de relativa estabilidad política, lograda gracias a la derrota de la reacción en el referéndum, los altos precios del petróleo y la recuperación de la economía, lejos de «profundización» de alguna revolución, hemos tenido entendimientos del gobierno con los capitalistas y terratenientes, así como también políticas para frenar los conflictos de los trabajadores y «disciplinar» a los sectores más descontentos. ¡Es para continuar ese curso que se nos piden los «10 millones»!
Por eso decimos que no tenemos por quien votar, pues la clase obrera jamás podrá encabezar la lucha hasta el final de los explotados contra el capitalismo, si en lugar de dotarse de una estrategia y proyecto político propio, deposita su apoyo en proyectos burgueses, que por más «radicales» que sean en el discurso, mantienen lo fundamental de la explotación capitalista.
Por eso a los trabajadores que ya le han dado la espalda a los proyectos de la oposición burguesa proimperialista, le decimos que no llamamos a votar por Chávez porque representa la conciliación con estos sectores; porque «legaliza» el latifundio a través del «método chaz»; porque impulsa «asociación» con las trasnacionales petroleras a través de las empresas mixtas; porque abre a los capitalistas extranjeros la explotación del gas; porque exonera del IVA a los pulpos petroleros, mientras se lo impone al pueblo; porque reivindica la «nueva PDVSA» de autócratas que combaten a los trabajadores; porque sigue pagando a la banca imperialista la fraudulenta Deuda Externa; porque no frena la represión a los campesinos que luchan por la tierra fuera de la tutela y negociaciones del gobierno; porque su política laboral se limita a míseros aumentos de sueldos y beneficios, mientras garantiza enormes ganancias a los empresarios y banqueros; porque mantiene intacto el poder de los capitales imperialistas en el país. En fin, no llamamos a votar por un gobierno que habla de «revolución» y «socialismo» mientras las masas trabajadoras seguimos soportando la explotación y éste «profundiza» sus entendimientos con los capitalistas.
Es necesario seguir impulsando la más amplia unidad de organización y lucha entre las filas obreras, impulsando los encuentros desde las bases para definir planes de lucha y movilización permanente hasta que se cumplan nuestras demandas, señalando la necesidad de prepararse para las batallas por venir en el próximo período presidencial, donde de seguro será más directo y duro el enfrentamiento, no sólo contra los empresarios (y terratenientes) sino también con el gobierno nacional. En estos meses de campaña electoral, seguimos luchando porque los y las trabajadoras nos dotemos de una estrategia obrera independiente para darle una salida obrera y popular a nuestra situación, una verdadera revolución social: ¡un gobierno directo de los trabajadores y el pueblo pobre!