A nivel nacional se vienen desarrollando importantes luchas de sectores de trabajadores y trabajadoras, así como de campesinos pobres y sectores populares. Los trabajadores de empresas como Pintuven, Nestlé, Snack, Goodyear, Sidor, Oxidor, del sector eléctrico, de la salud, obreros mineros, empleados públicos, campesinos pobres en Guárico, Barinas y Yaracuy, comunidades en Puerto Ordaz, etc., son una expresión de los sectores que salen a pelear por sus demandas. Y es que a pesar de haber desplegado toda nuestra fuerza e iniciativa de movilización combativa para derrotar los ataques de la burguesía opositora y el imperialismo, no hemos conseguido cambios importantes en nuestra condición de explotados, en nuestras condiciones de vida precarias.
En sus discursos, el Presidente Chávez nos habla diariamente de la necesidad de enterrar el capitalismo, de una revolución agraria, y efectivamente estas son las únicas posibilidades de desterrar el hambre, la miseria, el trabajo precario, las condiciones de explotación y sumisión al imperialismo de la clase trabajadora. Y esta es la expectativa de las masas populares. Pero contrariando este clamor, vemos cómo se han venido desarrollando fuertes entendimientos con sectores claves del empresariado. Vemos así que, a pesar de los fuertes planes sociales vía las misiones y alguna que otra fábrica recuperada y una relativa distribución de tierras, la política gubernamental comienza a centrarse en lograr acuerdos con Fedecámaras y demás asociaciones empresariales, y con los terratenientes.
Los trabajadores salen a luchar porque a pesar de toda la recuperación y el crecimiento de la economía nacional, son los capitalistas en su conjunto los que están saliendo más favorecidos, incrementando sus ganancias. Luchan hoy por aumentos de salarios, por mejores condiciones de trabajo, por la reapertura de empresas cerradas o llevadas a la quiebra, incluso tomando las instalaciones, y contra la burocracia sindical. Junto a esto, hemos visto las importantes movilizaciones de campesinos exigiendo una verdadera revolución agraria y protestando contra el sicariato, llegando a reunir hasta casi 7 mil personas, como la marcha en Caracas.
Mención especial merecen la lucha de los trabajadores de fábricas como Oxidor, en Valencia, que llevan ya más de un mes con la empresa tomada, exigiendo su reapertura; los de «Guantes Mis Manos» en Bolívar, perseguidos por los tribunales por pelear contra el patrón y exigir espacio en el control de la fábrica; los mineros artesanales del Estado Bolívar, que enfrentan una brutal persecución por parte de la Guardia Nacional; así como también los trabajadores petroleros desempleados de Anaco.
Pero es indispensable la organización y centralización de todas estas luchas para poder triunfar. De allí que la solidaridad no puede quedar reducida a medidas aisladas y de ocasión sino que debe dar lugar a una coordinación permanente con intervención de la base obrera. Sectores de la UNT levantan la necesidad de un encuentro nacional de los sectores en lucha, el cual debe ser apoyado fervientemente, llamando concretamente a un Gran Encuentro Nacional de Organizaciones Obreras, Populares, Campesinas y Luchadores, para elaborar un Plan Nacional de Lucha Unificado.
Es necesario convocar lo más urgente posible este Encuentro, cuya composición fundamental sea de delegados y delegadas escogidos en asamblea, de manera tal que responda a la disposición de lucha que hoy muestran los sectores más activos de nuestra clase. En un encuentro así, los socialistas revolucionarios bregaremos porque se asuma una política obrera independiente, es decir, un Plan de Lucha votado por los trabajadores, que al contrario de los acuerdos y la convivencia con los capitalistas, como plantea Chávez, se plantee la lucha hasta el final contra los explotadores.
Luchemos por un aumento general de salarios igual a la canasta básica indexado según el costo de vida, por empleo genuino para todos repartiendo todas las horas de trabajo disponibles, un plan nacional de obras públicas y construcción de viviendas, por el no pago de la deuda externa, por la expropiación de todas las fábricas cerradas y reabiertas bajo gestión obrera, por el control obrero en las empresas en crisis, por la reestatización de la s empresas privatizadas y la expropiación ya de los golpistas del 11 de abril.