La decisión y los argumentos de Estados Unidos de sancionar a Venezuela con la prohibición de venta de armas rayan el cinismo y la hipocresía. Lo hace al mismo tiempo que despliega un gran contingente de soldados para militarizar toda la frontera sur con México desplegando más de 6.000 miembros de la Guardia Nacional. Lo hace cuando desarrolla el Plan Patriota y el Plan Colombia, que con el pretexto de combatir el narcotráfico en verdad es para reprimir y someter a los trabajadores y campesinos colombianos y a las organizaciones guerrilleras de dicho país. Lo hace cuando instala bases militares por todo el continente, como las emplazadas no hace poco en Paraguay y Ecuador, así como las que despliega en Centroamérica, sumándose a las ya situadas en otras partes del continente. Lo hace cuando realiza «ejercicios» militares en plena región del Caribe a pocos kilómetros de las costas venezolanas, manteniendo sus fragatas y portaviones en la isla de Curazao. Los Estados Unidos acusan a Venezuela de ser un gran «desestabilizador» de la región, cuando son los propios norteamericanos con sus políticas agresivas y de opresión imperialista que desestabiliza a nuestros países condenando a nuestros pueblos a la más total de las miserias. Pero no se contentan con eso, y quieren establecer verdaderos cercos militares como manera de amedrentar y «disuadir» cualquier tentativa de nuestros pueblos para desembarazarse de la opresión imperialista. Tal como lo hacían a finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX, despliegan sus contingentes militares, bajo el paraguas de lo que cínicamente llaman «ejercicios navales». Lo que en realidad le incomoda a los Estados Unidos es la nueva correlación de fuerzas de las masas en América Latina, y en el giro político a la izquierda de éstas, que cuestionan su dominio en la agresión y rechazan la ingerencia imperialista.
La actitud que ha venido teniendo Venezuela con relación a Cuba y la constitución reciente de eje Caracas-La Habana-La Paz, dentro del reciente acuerdo en el marco del Tratado del Comercio de los Pueblos (TCP) que en los hechos rompe el embargo establecido por Estados Unidos a Cuba; como así también las relaciones diplomáticas que mantiene Venezuela con Irán y haber sido el único país latinoamericano en haber votado en contra la decisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica de enviar el caso iraní al Consejo de Seguridad de la ONU, ha incomodado a los Estados Unidos. Aunque las posibilidades de agresión militar directa a Venezuela hasta el momento son poco probable, la constante agresión del imperialismo norteamericano a nuestro país, y que festeja toda la derecha golpista y proimperialista criolla mostrando su claro servilismo y cipayismo, no deja de constituir un constante amedrentonamiento sobre nuestros pueblos al que hay que oponerse fervientemente.
Como revolucionarios defendemos el derecho de Venezuela como nación oprimida por el imperialismo a su propia autodeterminación nacional, y decimos no a todo tipo de injerencia imperialista de sanciones sean del tipo que sean. ¡Fuera manos del imperialismo de Venezuela! Al mismo tiempo defendemos el derecho del país al armamento como mecanismo de defensa a todo tipo de agresión de las potencias imperialistas, como así también a adquirir armas del país que lo considere necesario. Pero como revolucionarios, somos categóricos, estamos en la primera línea de la trinchera para hacerle frente a cualquier tipo de agresión del imperialismo.
De nuestro punto de vista creemos que las estrategias políticas del Presidente Chávez no llevan al camino de la derrota del imperialismo. Pues consideramos que no hay lucha seria contra éste sino se une la lucha antiimperialista con la lucha por la expropiación de todos sus intereses económicos de su país y de todos aquellos sectores capitalistas nacionales que lo sostienen. No creemos que la cuestión se reduzca al plano de la diplomacia internacional, ni mucho menos que todo se reduzca a la cuestión de la retórica. No podrá haber liberación nacional sino tocamos sus intereses fundamentales y de todos sus lacayos, ni tampoco pagando religiosamente la deuda externa, mecanismo de dominación económica y opresión. Por eso decimos: ¡No al pago de la deuda externa! ¡Basta de agresiones a Venezuela! ¡Fuera el imperialismo de Venezuela y de América Latina!