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«Nos dio sabor amargo entregarla,... nos habíamos acostumbrado a no ver al patrón»
Triunfo parcial en Sanitarios Maracay: lecciones de una toma de fábrica

Fuente: Por José Martínez

Desde el 3 de abril, y por 42 días de lucha, los 640 trabajadores de Sanitarios Maracay mantuvieron una recia pelea tomando la fábrica frente al abandono del patrón. La lucha que comenzó por un reclamo de uniformes e implementos de seguridad industrial por parte de los trabajadores, fue avanzando rápidamente, hasta que los trabajadores se llegaron a plantear y votar con gran determinación y conciencia la expropiación y nacionalización inmediata de la empresa planteándose ponerla a producir bajo su propia gestión directa. Esto significaba un gran paso adelante, pues a medida que avanzaba el conflicto, fueron comprendiendo quienes eran realmente los dueños de la fábrica. Y es que en los hechos durante esos días de lucha, la empresa estuvo bajo el control de los trabajadores y a punto de iniciar la producción.

El secretario de organización del sindicato, José Villegas, nos relata así el inicio de la lucha: «el día lunes 3 de abril, frente a un reclamo de uniformes e implementos de seguridad industrial por parte de los trabajadores y su junta directiva sindical, el dueño de la empresa Sanitarios Maracay, Alvaro Pocaterra, decidió retirar al personal administrativo, técnico y gerencial en horas de la mañana, quienes abandonaron la empresa no regresando más. Fue cerrado el servicio de comedor y retuvieron el salario a más de 800 padres de familia desde esa fecha... nos percatamos de que se trataba de una trampa por parte de la patronal quien pretendía boicotear el funcionamiento de la fábrica». Los trabajadores deciden, entonces, ocupar la fábrica, resguardando las instalaciones, maquinarias, equipos, materia prima y producto terminado, evitando «el colapso de la empresa que le diera excusas a estos sinvergüenzas de despedir a los trabajadores y empleados, para abrir en condiciones que le permitieran seguir produciendo ganancias sin respetar las condiciones de trabajo y las reivindicaciones de los trabajadores». La maniobra de la patronal era a todas luces clara: «ellos sacaron su cuenta, si lograban trastornar la empresa y echarle la culpa a los obreros, justificarían por medio del paro técnico: la salida del personal que les estorbara; contratar nuevo personal en condiciones precarizadas, no amparados por el contrato; violación de la nueva convención colectiva y por supuesto destruir la nueva estructura sindical de los obreros, con esta estrategia podían recuperarse rápido del auto boicot». Pero los patronos se equivocaron de punta a punta con su maniobra, no esperaban la respuesta inmediata y decidida de los trabajadores, que ocuparon la empresa respondiendo a la artimaña, y así «durante 42 días la empresa estuvo bajo control obrero y a punto de iniciar la producción por parte de los mismos si los patronos no aparecían», concluye el secretario de organización del sindicato1.

El frente antiobrero y la organización de los trabajadores: «si queremos ganar apostemos a ganador, pero todo a los trabajadores»

La empresa Sanitarios Maracay, no es una empresa cualquiera, además de ser parte del grupo económico de los Branger-Pocaterra, quienes tuvieron un papel importante durante del golpe del 11 de abril, dedica prácticamente casi toda su producción a la exportación con destino a 16 países, entre los que se destacan México, Ecuador y Cuba. Es una de las tantas fábricas que, como parte de los acuerdos con el sector empresarial que mantiene el gobierno de Chávez, se beneficia ampliamente de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) teniendo un acuerdo exclusivo con Cuba para exportar sus productos. Las condiciones de trabajo en Sanitarios Maracay son realmente deprimentes, con ritmos de explotación desenfrenados, donde los trabajadores carecen de los implementos de trabajo necesario para trabajar y donde opera la lógica de la maximización de las ganancias a través de la reducción de costos. Es más, dentro del total de sus 900 personas que operan en su plantel, cerca de 120 trabajadores sufren de enfermedades graves en la columna tales como hernias discales, problemas respiratorios, y otro tipo de enfermedades producto de las pésimas condiciones laborales.

Por tanto, una fábrica con estas características y que goza de los beneficios del gobierno, no era fácil enfrentarla. Es por eso que frente a la ocupación de la empresa los trabajadores tuvieron que enfrentar un verdadero frente antiobrero que abarcaba desde los sectores empresariales, la policía, los tribunales, diputados y representantes de los partidos del gobierno, y hasta el propio Alcalde y Gobernador chavistas en el Estado Aragua. A esto se le sumaban lo más recalcitrante de la burocracia sindical, y hasta fuerzas de choque de supuestos círculos bolivarianos, comprados por unos pocos bolívares por funcionarios de los partidos de gobierno, todo con el intento de quebrar la valiente y decidida lucha de los trabajadores. Como dijera un trabajador de la fábrica: «cuando estás en medio del conflicto te das cuenta del papel que juegan los funcionarios del Ministerio del Trabajo, del CLEA, del Gobierno Nacional y Regional y terminas concluyendo: si queremos ganar apostemos a ganador pero todo a los trabajadores».

Por eso la organización de los trabajadores durante toda la ocupación fue ejemplar. Se realizaban asambleas casi diariamente donde se votaban todas las decisiones sobre los pasos de la lucha. Hasta se conformó una guardia obrera para hacerle frente a la represión policial y a las amenazas de desalojo decretadas por los jueces propatronales. Se contó para la preparación de la lucha de un importante fondo de huelga de más de 150 millones de bolívares, el cual alcanzó para resistir los 42 días del conflicto sin mayores contratiempos, no pudiendo ser quebrado el conflicto por hambre. La patronal se percató de que los trabajadores se habían preparado bien y que contaban con una importante solidaridad de los trabajadores de la región.

Un triunfo parcial pero se podía haber ido por más: «planteamos la expropiación inmediata de esta empresa para que pase a manos del Estado»

Luego de los 42 días de toma de fábrica se llega a un acuerdo con los empresarios. Así, los obreros, tras doblegarle el brazo a la patronal, volvieron a la fábrica con sabor a victoria y haberle desmontado la estrategia a la patronal. Como bien afirmaba uno de los trabajadores en la empresa: «comenzamos de pie y terminamos de pie, no de rodillas como aspiraba el patrón y los que le hacían el juego». Sin embargo, creemos que el resultado de la lucha fue un triunfo parcial por lo establecido en el acuerdo del 10 de mayo. Decimos que fue un triunfo parcial porque en el convenio que se firma, la empresa si bien se compromete a pagar el 80% de los salarios de los días parados (32 de los 42 días paralizados) junto al compromiso de no tomar represalias contra los trabajadores retirando todos los procedimientos administrativos y judiciales, interpuestos ante el ministerio del Trabajo y los tribunales, se abrirá una mesa de negociación, cuya primera reunión comenzará recién el próximo 25 de mayo donde se intentarán establecer acuerdos sobre la dotación industrial e implementos de seguridad, que fue por lo que se salió a luchar, sobre los 120 trabajadores lesionados por enfermedades ocupacionales, y otras 19 cláusulas del Contrato Colectivo que la empresa no cumple.

Pero más aún, creemos que durante los 42 días de lucha estuvo planteada una pelea superior que iba más allá de las iniciales reivindicaciones: luchar por la expropiación y nacionalización de la fábrica y ponerla a producir bajo la propia gestión de los trabajadores. Afirmamos esto porque este era el clamor de los trabajadores que estaban decididos a seguir la lucha en este sentido. Como bien afirmaba el secretario de organización del sindicato, durante la toma de la fábrica, «también solicitamos la expropiación inmediata de esta empresa para que pase a manos del Estado.» Efectivamente, esta era la lucha que estaba planteaba, y era el clima y espíritu de la mayoría de los trabajadores cuando apenas habían pasado dos semanas de la pelea.

Es que ellos comprendían que estaban en capacidad de ponerla a producir, y no es casual la conclusión que saca José Villegas, Secretario de Organización del sindicato de la fábrica al terminar la lucha: «nos dio sabor amargo entregarla,... nos habíamos acostumbrado a no ver al patrón». Pero desgraciadamente desde la UNT, con todas las condiciones favorables no se planteó la lucha en esta dirección. De avanzar en este sentido, partiendo de que durante la toma de la fábrica existía la disposición de ponerla a producir, se hubiera dado un duro golpe a la patronal y sentado un gran precedente en las luchas obreras en nuestro país, dando un gran jalón en la conciencia de los trabajadores de que ellos son capaces de administrar una fábrica sin necesidad del patrón. Se hubiera avanzado así en el cuestionamiento directo a la sacrosanta propiedad privada que defiende la propia Constitución Nacional.


1 Entrevista cedida por José Villegas a Emilio Bastidas, dirigente de la UNT y miembro del PRS.



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