En diversos estados del país se vienen desarrollando una serie de luchas obreras, que van desde reclamos salariales, exigencia de cumplimiento de los derechos laborales, desplazamiento de direcciones burocráticas de los sindicatos, hasta la toma de fábricas exigiendo su expropiación y puesta a producir bajo el control de sus trabajadores. Incluso en los últimos meses la idea de tomar la fábrica surge rápidamente como resolución frente a cualquier conflicto con la patronal. El mismo surgimiento hace meses de C-CURA, que agrupa en su seno en centenares de los más combativos trabajadores y dirigentes sindicales, es una expresión de este importante proceso que viven sectores del movimiento obrero.
Esto es expresión de que, a pesar de las Misiones y demás políticas sociales del gobierno, como de los recientes anuncios del 28 de abril hechos por Chávez, ninguno de nuestros problemas más acuciantes, como salarios dignos, empleo para todos y todas, vivienda decente, tierra, seguridad social, etc., están resueltos, a pesar de los altos índices de crecimiento económico y la bonanza petrolera. Mientras los ricos continúan en su cómoda situación económica después de haber conspirado con el golpe y el paro sabotaje, los trabajadores continuamos en la difícil situación a pesar de tantas batallas que hemos dado durante estos largos 7 años resistiendo a las embestidas de la derecha proimperialista. El que después de todo este tiempo, el país esté cruzado por una serie de luchas y reclamos obreros, campesinos y populares, es la más contundente demostración de que en lo fundamental poco ha cambiado más allá de las políticas asistenciales y algunas reformas del gobierno.
Esto tiene que ver con que quienes ayer detentaban el poder económico lo siguen teniendo hoy pues jamás se les ha tocado ninguno de sus intereses económicos a pesar del discurso del gobierno de «trascender el capitalismo». Los capitalistas y los sectores empresariales, siguen siendo los dueños de las empresas, bancos, tierras, y las transnacionales continúan haciendo sus jugosos negocios en el área petrolera, gasífera, telecomunicaciones y bancarias. Es que por más de «revolución» y de «socialismo» que hable el gobierno, su proyecto político no va más allá de rasguñar algunos males del capitalismo pues su objetivo es «desarrollar» al país de la mano de la burguesía nacional «progresista», apoyado en el fuerte ingreso petrolero, e incluso aliándose con sectores del capital transnacional, como en el caso de las empresas mixtas en el área del petróleo y haciendo grandes concesiones en el área del gas. Es público y notorio que hay toda una política, nacional e internacional, dedicada a llegar a negociaciones y acuerdos con los empresarios, incluso dándoles créditos del Estado. Para ser más exactos, es la demostración de que el proyecto político de Chávez y del gobierno no es capaz de dar verdaderas salidas a los problemas fundamentales y más acuciantes de las masas trabajadoras: acabar con la explotación capitalista y conquistar la liberación nacional. Ningún discurso, por más encendido que sea, puede ocultar esta verdad de la política económica nacional, ni esta situación de las masas obreras, campesinas y populares1.
LA NECESIDAD DE UNA ALTERNATIVA OBRERA Y UNA POLÍTICA DE INDEPENDENCIA DE CLASE
Pero los trabajadores y trabajadoras, aún cuando han dado todo de sí en la batalla contra la reacción proimperialista, por responsabilidad de sus direcciones no han contado con un proyecto político propio, con sus demandas y exigencias de clase bien claras y delimitadas del proyecto de Chávez y su gobierno. Es que la mayoría del pueblo trabajador confía ampliamente en Chávez, pero cree que los problemas no resueltos es por culpa de la burocracia que lo rodea y no lo deja gobernar o entorpece la gestión, incluso corrientes que se dicen marxistas, como la CMR, alimentan esta falsa percepción; claro que hay corrupción y burocracia, que en todo caso agravan la situación, pero no son la causa fundamental de los problemas, sino como hemos venido afirmando, son las políticas oficiales emanadas producto del carácter de clase burgués del gobierno.
Precisamente por eso la clase trabajadora necesita dotarse de una estrategia obrera independiente, por lo que hay que levantar sin ningún temor y con mucha fuerza la idea de que los trabajadores, desde la perspectiva de sus propios intereses como explotados, deben confiar solamente en sus propias fuerzas, en sus propias demandas y métodos de lucha, para poder sellar una alianza revolucionaria con los demás sectores explotados, para luchar hasta el final contra la explotación capitalista y la dominación imperialista. Es de esta manera, y con el ejemplo de la lucha concreta como se puede ir demostrando que para hacer frente al imperialismo y la burguesía no hace falta brindarle apoyo político al gobierno, porque aún cuando hemos estado junto al pueblo en la primera línea de pelea contra la reacción (y estaremos si se presentasen nuevas situaciones similares), sabemos que al contrario, tener una política de independencia de clase es la condición necesaria para luchar consecuentemente contra el capitalismo y el imperialismo.
EL DEBATE SOBRE LA POLÍTICA ELECTORAL
Varios dirigentes políticos y sindicales del PRS en C-CURA, dicen estar de acuerdo con este planteamiento y la definición del carácter de clase del gobierno, pero han apoyado en los últimos encuentros sindicales la moción de llamar a votar por Chávez, argumentando que es sólo una cuestión «táctica», pues como millones de trabajadores confían en el Presidente, lanzar una candidatura obrera independiente o no llamar a votarlo implicaría condenarnos a la marginalidad política y aislarnos de los trabajadores que apoyan a Chávez.
Con esta lógica han lanzado discursos públicos por los «10 millones» como en el acto del 1º de Mayo, y apoyado la moción por la reelección de Chávez en el último Encuentro de la Corriente Sindical. Así en una de sus resoluciones se afirma que «ratificamos nuestra voluntad política de acompañar en la batalla contra los enemigos internos y externos de al revolución al ciudadano presidente Hugo Chávez Frías, por lo cual respaldamos su nombre como candidato presidencial... por encarnar el sentimiento de lucha y esperanza de un pueblo para cambiar el modelos capitalista, a pesar de no ser un candidato salido de las filas de los trabajadores y del movimiento sindical». Al mismo tiempo, en el periódico oficial del PRS, Opción Socialista, se ratifica esto, cuando discute con corrientes sindicales chavistas que no están de acuerdo con hacer las elecciones de la UNT este año, y ponen como excusa las elecciones presidenciales, afirma: «...la legitimación de la dirección de la UNT...dará más credibilidad y autoridad a los dirigentes de la central para invitar a sus afiliados y al conjunto de los trabajadores a votar por el presidente Chávez» (OS Nº 5), incluso haciéndonos aparecer como si quisiéramos ser los más consecuentes para convencer a los trabajadores de votar por Chávez.
Pero ocurre que no es un asunto sólo «táctico» llamar a los trabajadores a votar por un candidato, que además que no es salido de las filas obreras, encabeza un gobierno y un proyecto político burgués, es decir, opuesto a los intereses estratégicos de la clase obrera y de los explotados. Es por eso que consideramos que la posición frente a Chávez debe responder al más elemental principio de independencia política, obrero y socialista. Llamar a los trabajadores a votar por Chávez, por más condicionado y crítico que sea el voto, es seguir sembrando esperanzas en el proyecto político de un candidato ajeno de su propia clase y de interese históricos contrapuestos, es alimentar esperanzas también en que éste puede avanzar a resolver sus problemas fundamentales, y es negarse a ser francos con los trabajadores.
Algunos compañeros nos argumenten que no hay ninguna relación entre la táctica electoral de sumarse a la reelección de Chávez con el apoyo político al Presidente, lo que está en la misma línea de pensamiento de quienes plantean de que se hace incorrectamente del voto un problema de principios y no se toma en cuenta el nivel de conciencia actual de las grandes masas, borrando así, de un plumazo, cualquier delimitación de clase, y haciendo creer que sumarse a la campaña por los «10 millones de votos» no es fortalecer las ilusiones de los trabajadores en la figura de Chávez y su gobierno. El asunto es mucho más serio que una simple «táctica», pues en este caso no se trata ni siquiera de un candidato salido de las filas de los trabajadores y sus organizaciones, candidaturas obreras que aunque no levantara un programa genuinamente revolucionario al menos se planteara la independencia de clase frente a los candidatos de la burguesía o alguna de sus variantes, pudiendo estar colocado algún tipo de voto crítico. Lo que no terminan de entender estos sectores es que para que una clase social pueda cumplir su papel histórico revolucionario contra el orden de dominación existente, es necesario que previamente a los momentos revolucionarios, ésta haya conquistado los más elevados niveles de independencia política frente a la clase dominante y cualquiera de sus variantes, reduciendo cuestiones claves en aspectos «tácticos». Esta es toda una determinación programática que debe expresarse también en el terreno electoral.
Por eso hemos venido planteando la necesidad de levantar una candidatura obrera independiente, con un programa de de lucha anticapitalista, por la expropiación de los «ladrones nacionales y extranjeros», para que las empresas, bancos y tierras pasen a manos de las mayorías trabajadoras y planificar la economía de acuerdo a los intereses de los explotados, a través de un gobierno directo de los trabajadores y el pueblo pobre, un gobierno cuyos órganos sean las instancias de lucha y democracia directa de que se dote el movimiento de masas en el transcurso de su lucha. ¿Es posible acaso levantar una política semejante llamando a votar por Chávez?
Lamentablemente, a estas alturas, ya no dan los tiempos de la legalidad existente para juntar los requisitos y presentar una candidatura obrera. En este caso sostenemos llamar a votar en blanco o nulo, desde una posición de clase y revolucionaria, y desde donde podremos pacientemente dar el debate con los trabajadores. Muchos compañeros nos plantean que esta sería una política que nos condenaría a la marginalidad por la confianza que tienen los trabajadores en Chávez. Pero no se ponen a pensar el hecho central de que, justamente esa confianza, es hoy la principal traba para que los trabajadores puedan avanzar hacia una estrategia independiente. Se olvidan que la desgracia del proceso político del país es precisamente la falta de una oposición obrera y socialista que dispute la dirección de la clase trabajadora a Chávez. Es desde allí desde donde se debe partir para pensar una política obrera revolucionaria.
Además, ¿cuál es el punto de partida para definir con respecto a quién estaremos en «marginalidad» política? Los compañeros dirigentes sindicales del PRS son sin duda los más honestos luchadores por los derechos de los trabajadores en cada una de sus fábricas, quienes encabezan hoy muchas de las luchas que se están dando, y además, hemos estado claramente en la primera línea de pelea contra la reacción en cada uno de sus ataques. Eso lo saben muy bien los trabajadores petroleros, siderúrgicos, eléctricos, de Aragua, Carabobo, Táchira y de todos los demás lugares donde tenemos presencia. ¡Es desde esas posiciones conquistadas desde donde tenemos todas las condiciones dadas para plantearles al conjunto de los trabajadores una política obrera independiente!
Más aún hoy con todo este proceso de luchas, los dirigentes sindicales del PRS, por su inserción, son quienes mejor están ubicados para cumplir esta labor: explicar pacientemente que el gobierno tiene un proyecto político que no trasciende el capitalismo, sino que lo mantiene, y que esta es la razón fundamental de que seguimos sin resolver nuestros problemas fundamentales. Se trata, en fin, de que la «independencia de clase» no debe quedar en una frase vacía, sino que debe llenarse de contenido en cada momento de la lucha de clases, incluso en el terreno electoral. Es posible desde el proceso de reorganización que se está desarrollando en franjas importantes de los trabajadores, y donde dirigentes sindicales del PRS tienen una influencia considerable, realizar una intervención y un diálogo político desde una posición de clase, planteando la necesidad de confiar sólo en las propias fuerzas de los trabajadores, multiplicar la organización de los trabajadores y prepararnos para la lucha por las grandes demandas fundamentales, sin depositar la menor confianza en el gobierno y planteando la necesidad de la lucha por un partido independiente de los trabajadores. Es posible dar pasos hacia el reagrupamiento revolucionario de la vanguardia a condición de combatir desde una política de clase, enfrentando políticamente las ilusiones de los trabajadores en Chávez.
En realidad, es la única forma de forjar una alternativa obrera, revolucionaria en nuestro país, es por allí por donde pasa la clave de una política consecuentemente revolucionaria, interviniendo en el seno del movimiento obrero desde una clara delimitación de clase, demostrando cómo la independencia política (y no sólo organizativa) frente a la burguesía y cualquier proyecto de colaboración de clases es la primera condición indispensable para defender consecuentemente los intereses inmediatos e históricos de la clase obrera, de los campesinos pobres y demás sectores explotados. Es de esta manera como podremos contribuir además a preparar a los trabajadores para los seguros combates por venir, donde será necesaria no sólo la firmeza contra los patrones, sino la desconfianza en el gobierno para no ceder ante los «cantos de sirena». Hacer lo contrario es hacerle un flaco favor a la lucha porque la clase obrera conquiste su independencia programática y política, condición indispensable para que encabece la lucha de las mayorías populares contra el imperialismo y el capitalismo.
1 Como hemos dicho, el que haya políticas sociales no contrapesa para nada esta política del gobierno, porque es la que mantiene las condiciones estructurales de la explotación y la pobreza; así como tampoco el que se financien cooperativas y microempresas, ya que éstas representan claramente una minoría en la estructura económica del país. De todas maneras, una exposición más detallada de esto que planteamos se puede ver en los demás artículos de este número o en ediciones anteriores donde hemos abordado temas como el de la cogestión, los 7 años de gobierno, etcétera.